Moho en casa: el enemigo invisible que empeora tu respiración en febrero

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Si hay algo que define febrero en muchas casas españolas, son las ventanas que amanecen llorando. Por la mañana, al levantar la persiana, ahí están: gotitas de agua en los cristales, en los marcos, a veces incluso en las paredes.

Eso, que parece una molestia menor, es la puerta de entrada de un invitado silencioso que se instala sin pedir permiso y no se va fácilmente. El moho.

No hablamos de esa mancha negra en la esquina del baño que "total, no se ve mucho". Hablamos de un problema que respira con nosotros, que llena el aire de cosas que nuestros pulmones no deberían estar tragando. Y lo mejor es que, una vez sabemos cómo se comporta, podemos ponerle freno con gestos muy sencillos.

¿De dónde sale el dichoso moho?

Vamos a ver si lo explicamos claro.

En invierno, encendemos la calefacción. Dentro, el aire está calentito. Fuera, hace frío. Ese contraste hace que el vapor de agua que generamos al ducharnos, al cocinar, incluso al respirar, se condense en las superficies más frías: las ventanas, las paredes mal aisladas, los rincones detrás de los muebles .

Esa humedad que vemos en los cristales por la mañana es el aviso. Si no la secamos, si no ventilamos, el moho encuentra su sitio. Y cuando encuentra su sitio, no se va.

Lo peor es que no hace falta verlo para que esté. Las esporas —que son como las semillas del moho— flotan en el aire. Están ahí, aunque no las veamos. Y las respiramos .

¿Y eso qué tiene que ver con respirar mal?

Todo.

Las esporas del moho no son como el polvo, que estornudas y listo. Son pequeñísimas, y cuando llegan a nuestros pulmones, pueden quedarse. El cuerpo, cuando detecta algo que no debería estar ahí, reacciona. Se inflama. Y esa inflamación, en según qué personas, se traduce en síntomas muy concretos .

Los más comunes: congestión nasal que no se quita, estornudos en cadena, ojos que lloran sin motivo, esa sensación de que la nariz está tapada pero no es un resfriado. En quienes ya tienen asma o EPOC, el moho puede hacer que los síntomas empeoren, que los bronquios se cierren más, que cueste más respirar .

Y hay algo que mucha gente no sabe: el moho no solo afecta a los alérgicos. Personas que nunca habían tenido problemas respiratorios pueden empezar a notar tos seca por las noches, fatiga al levantarse, dolores de cabeza que no saben de dónde vienen . Son los efectos de pasar muchas horas, cada día, respirando un aire que no es limpio.

Las señales que no debemos ignorar

¿Cómo saber si el moho se está convirtiendo en un problema en casa?

Hay pistas que no fallan. El olor, por ejemplo. Ese olor a humedad, a cerrado, que notas al entrar en una habitación que lleva un rato sin ventilar. No es "olor a viejo". Es olor a esporas .

Las manchas negras o verdosas en las paredes, en los techos, en las juntas de los azulejos. A veces son pequeñas, a veces se extienden. Pero aunque sean pequeñas, ya están soltando esporas .

Y luego están las señales en el cuerpo. Si notas que los síntomas empeoran por la noche, o al despertar, probablemente sea porque has pasado ocho horas seguidas en la habitación donde más moho hay. Si te levantas con la nariz tapada y se te pasa cuando llevas un rato levantado, presta atención .

Qué podemos hacer en el día a día

Lo primero: ventilar. Sí, hace frío. Sí, da pereza abrir las ventanas. Pero los expertos insisten: ventilar 10 minutos al día, a ser posible a mediodía, renueva el aire y saca fuera parte de esa humedad que alimenta al moho . No hace falta tener la ventana abierta todo el día. Con unos minutos basta.

Y cuando ventiles, si puedes, abre ventanas en lados opuestos de la casa. Eso crea una corriente que renueva el aire mucho más rápido. Mientras tanto, abrígate o sal de la habitación; no se trata de pillar un resfriado.

Lo segundo: controlar la humedad. Un higrómetro es un aparato muy sencillo que mide la humedad de casa. Lo ideal es mantenerla entre el 40% y el 60% . Si ves que se pasa del 60%, un deshumidificador puede ser una gran inversión. Y si el ambiente está muy seco, un humidificador, pero con cabeza y limpiándolo con frecuencia.

Lo tercero: secar las superficies húmedas. Después de la ducha, una bayeta para las paredes y el plato de ducha. Si ves agua en las ventanas, sécala. Después de cocinar, si hay vapor, ventila un rato. Parece una manía, pero es que el moho necesita agua para vivir. Si no hay agua, no hay moho .

Cómo limpiar el moho sin intoxicarnos

Si ya han aparecido las manchas, hay que limpiarlas. Pero no vale cualquier cosa ni de cualquier manera.

Lo primero: protégete. Usa guantes de goma y, muy importante, una mascarilla . Si vas a limpiar moho sin mascarilla, estarás respirando una cantidad enorme de esporas. No tiene sentido.

Para limpiar, el vinagre blanco funciona muy bien. También la lejía diluida (una parte de lejía por diez de agua) . Aplica, deja actuar unos minutos, frota y aclara. Pero ojo: nunca mezcles lejía con amoniaco ni con otros productos, porque pueden generar gases tóxicos.

Después de limpiar, ventila bien la habitación. Y si la mancha vuelve a salir poco después, igual el problema es más profundo: una filtración, una pared mal aislada... eso ya tocará mirarlo con más calma.

Los sitios donde no miramos

El moho no siempre está a la vista. Detrás de los armarios, en las esquinas traseras de los muebles, en el cajón donde guardas las sábanas si la pared de detrás es exterior y está fría, en las cortinas de la ducha, en las macetas si nos pasamos con el riego... Merece la pena echar un vistazo de vez en cuando a esos rincones oscuros.

Los filtros del aire acondicionado y los humidificadores también pueden ser criaderos si no se limpian con regularidad . Si usas humidificador, vacía el agua cada día y límpialo una vez a la semana.

Y el oxígeno, ¿qué papel juega en todo esto?

Aquí conviene hacer una distinción importante. Los purificadores de aire con filtros HEPA son muy útiles para atrapar esporas y alérgenos . Ayudan a que el aire esté más limpio. Pero hay algo que los purificadores no hacen: producir oxígeno.

Cuando el moho ya ha hecho de las suyas, cuando los bronquios están inflamados y cuesta respirar, cuando el cuerpo lleva semanas acumulando fatiga, el aire "limpio" puede no ser suficiente. En esos momentos, el oxígeno extra es lo que necesita el cuerpo para recuperarse, para dejar de forcejear con cada inspiración.

Un concentrador de oxígeno no es para todo el mundo, claro. Pero para quienes tienen EPOC, fibrosis pulmonar, insuficiencia cardíaca, o simplemente unos pulmones que ya han trabajado muchos años, tener oxígeno en casa puede marcar la diferencia entre pasar el día cansado o vivir con energía.

Lo que está en juego

Al final, no se trata de obsesionarse con el moho ni de vivir con miedo. Se trata de entender que el aire que respiramos mientras dormimos, mientras descansamos, mientras vemos la tele, importa. Respirar bien es la base de todo lo demás. Y si el moho está haciendo que ese aire no sea limpio, merece la pena hacer algo al respecto.

Febrero pasará. Llegará la primavera, luego el calor, luego el frío otra vez. Pero los pulmones siguen con nosotros todo el año. Cuidar el aire que respiran es una de las formas más sencillas —y más olvidadas— de cuidar nuestra salud.

Porque vivir con moho en casa no es solo una cuestión de estética. Es una cuestión de salud. Y la salud, como el moho, también se instala sin avisar. Pero en nuestro caso, podemos echarle un ojo antes de que sea tarde.


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